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jueves, 4 de febrero de 2010

ÉTICA Y ACCIÓN HUMANA

Hacer Bien el Bien. En ello ha de consistir la Calidad del Servicio.

“La moral es natural y sencilla”, ella es inherente a todos los seres humanos y puede ser aprendida como a la vez ser enseñada, ya que éstos son atributos propios de la naturaleza del hombre. Tanto el enseñar como el aprender permiten que el conocimiento se conserve y se acreciente, por ello la ética es tan importante en el conocimiento, además del fin que persigue: la felicidad del hombre.

La relación humana concebida como un ser vivo entre dos o más seres humanos ha de causar efectos en ambos. Y tal relación como ser vivo, nace, crece, madura, y es también susceptible de enfermar y morir. Por esta razón, es de vital importancia cuidar de las relaciones humanas.

Decía Confucio de la naturalidad de la moral en el hombre, que ésta debía practicarse a través de tres leyes: entre vasallos y señores, entre padres e hijos y entre marido y mujer. Esta visión se percibe desde el interior del hombre, no desde factores externos. Entre vasallos y señores se referiría al “buen gobierno”; entre padres e hijos, a la familia y su inserción a la sociedad; entre marido y mujer, en el seno de los opuestos y la complementariedad.
Armonía, equilibrio, conocimiento, ¿signos o características propias de la felicidad en el hombre?

Confucio hablaba también del ejercicio de cinco virtudes capitales: la humanidad, es decir, el amor a todos sin distinción ninguna; la justicia, que da a cada uno lo que le pertenece; la observancia de las ceremonias y usos establecidos, a fin de que todos los que viven juntos sigan una misma regla y participen de las mismas ventajas y de los mismos inconvenientes; la rectitud de juicio y de sentimiento para buscar y desear lo verdadero en todo, sin alucinaciones egoístas para sí, ni apasionadas para los otros; la sinceridad, o sea un corazón abierto que excluya la ficción y el disimulo, así en las palabras como en las obras. Todas éstas nada fáciles de practicar desde el plano racional. Observándolas con detenimiento, con el fin de practicarlas, la única forma es desde el plano emocional. Por lo tanto, no es posible ser ético racionalmente, ya que se incluye un alto factor emocional para proceder éticamente.

La felicidad no es un don que sea otorgado gratuitamente por el Creador, ni es objeto de cambio que pueda adquirirse en el Mercado. La felicidad es el resultado del camino que se recorre en todo el transcurso de nuestra existencia terrenal. Es el objetivo al cual aspiramos llegar y que no debemos perder de vista cuando cualquier cosa o hecho pudiera nublar nuestra razón.

En razón de ello, tenemos virtudes consideradas morales, que tendrían por objeto la honestidad de los actos humanos. A estas virtudes que perfeccionan la voluntad, las conoceremos como virtudes cardinales, que son: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. La Prudencia es una virtud intelectual, a la vez moral, que dirige los actos humanos en su moralidad y sus consecuencias hacía al bien común. La Justicia es la obediencia a las leyes y la recta conducta o comportamiento de los hombres. La Fortaleza se encarga de prevenir el temor al peligro y moderar la audacia, para que permanezca en el camino de la recta razón, sin caer en la cobardía, ni en la temeridad. Y la Templanza es un hábito que consiste en mantener el justo medio entre la satisfacción de las necesidades y las exigencias de la vida diaria.

“Ética” es una parte de la filosofía que se refiere a la moralidad de las acciones humanas. Es por ello que el hombre, cada hombre y todos los hombres, vienen a ser el único sujeto de la Ética, por ser el único ser vivo que posee la capacidad de diferenciar el bien del mal y de obrar según su libre elección. Así, al dirigir nuestras creencias hacia un origen superior, un creador de todo cuanto existe, Dios, es posible asimilar que el hombre reconozca su cualidad natural: la búsqueda de felicidad en la perfección humana a través de los valores.

El obrar ético tiene sus cimientos en las virtudes y en los valores, que deberán triunfar sobre los vicios y los desvalores sociales, para transitar el camino de la realización humana. El acto humano es energía, acción, y como tal puede tener diversos grados según la mayor o menor aproximación al ser inteligente que lo conforma o determina. Es decir, para que sea considerado válido, es requisito natural en todo acto humano la verdad con la cual se ejecutan.

Todo acto humano revela tres elementos constitutivos: entendimiento, voluntad, y ejecución. Entendimiento, un entendimiento especulativo y un entendimiento práctico; la voluntad, facultad de querer tomar una determinación luego de haberla analizado las razones que motivan el acto mediante el conocimiento; la ejecución del acto que consiste no solamente en la realización en el momento, sino que se lleve a cabo en la forma y con los medios previstos. Otra forma es que estos tres elementos pueden asumirse sin tanto razonamiento a través de la religión. La razón se suprime a la emoción religiosa.

El compromiso del hombre radica en liberarse a sí mismo y a la vez liberar o humanizar al mundo del cual forma parte. Bajo esta óptica, las consideraciones que realiza Wierna sobre las emociones, las pasiones y los hábitos es pobre, ya que lejos de verlas como instrumentos que favorecen la ética y la moral, se las ve como obstáculos de ellas.
Wierna define: Emociones, son estados de ánimo, estados psíquicos por lo general de corta duración, que se producen por el miedo, la ira, u otra situación que mueve al sujeto a una reacción violenta y súbita que no puede evitar, que impide reflexionar y muchas veces lo hace errar; las pasiones, son inclinaciones del espíritu hacia un fin o un objeto determinado, que conoce bien y del que no acepta sustitutos; los hábitos, son costumbres adquiridas por la repetición de actos de una misma especie que crean tendencias propias en los individuos, que se traducen en formas cotidianas de vida. En esta forma de pensar, según las definiciones dadas, radica un craso error, pues se niega la naturaleza del hombre.

Sin embargo, concuerdo con Wierna, en que el mayor de los impedimentos es la violencia, tanto física como moral, ya que ésta impide al ser humano hacer uso de su libertad para decidir. La libertad es requisito para la felicidad, y en busca de ella, también se ha ejercido violencia contra otros. Nada más contradictorio, pero sin duda el fin del hombre es la felicidad, y por su condición de “ser social”, no podrá disfrutar de la felicidad plena durante su existencia, sin que la sociedad que construye día con día alcance su máximo estandarte en la escala evolutiva: el Bien Común como el Bien de uno mismo.

Bibliografía
Ética y Deontología. Gustavo Enrique Wierna.


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El Hombre y la Ética en Comunicación

2 comentarios:

Willian Flores dijo...

Apreciada Veronica Cuchillo,

Te escribo para agradecerte la gentileza de tus mails, articulos y opiniones.

En realidad recien hoy pude darme tiempo de leerlos. Te confieso que cuando vi tu nombre, espero que ai sea, pensé que era un nick o sobrenombre, no sé si lo sea, si no lo es, enviame tu real nombre.

Un abrazo y felicitaciones por todo lo que has hecho, haces y harás.

Un abrazo,

Willian Flores

Verónica Cuchillo Paulo dijo...

Hola Willian,

Agradezco mucho tu afectuosa atención.

Es mi verdadero nombre, por cierto.

Cuando quieras..., aquí estaré a la espera de tus opiniones y
comentarios para interactuar en este medio y compartir ideas.

http://www.comunicaziones.blogspot.com/

Un abrazo,

Verónica Cuchillo