
Anteponiendo la ética, examinar los hechos con cuidado permitirá alcanzar la verdad y así evitar el engaño y la manipulación de nuestros “santos” medios de comunicación.
Realmente para quien no conoce la selva peruana, la realidad excede a todas nuestras fantasías. Ni los textos revisados antes de recorrer aquellos parajes lograban proximidad a las características y grandes diferencias que rodean a nuestra Selva, tan diversa en sí misma, tan opuesta a la cultura urbana y a la vez afín a ella, y tan ajena a sí misma. Existen en el país 65 etnias amazónicas y 14 familias lingüísticas. Entre los cerca de 350.000 habitantes que componen dichas etnias hay matices, cosmovisiones, mitos distintos. Pero hay unidad sólida en un tema: la defensa del territorio.

Entablé amistad con algunos líderes nativos, asháninkas en su mayoría, más pacíficos que los aguarunas, quienes en su confianza me dieron a comprender algo de lo extenso de su realidad. Ejemplo de ello fue cuando pregunté ¿cómo lograron las ONG’s ingresar al turbulento panorama de sus comunidades?. Las ONGs internacionales habían enviado voluntarias rubias a conquistar a los Apus, convertirse en sus mujeres y, desde tal condición, educar a las comunidades nativas a ser sumisas y confiadas a lo que éstas señalen. Fascinante estrategia para mi sorpresa. Las ONG’s lo habían logrado, al menos las de capitales extranjeros, mientras el Estado es visto desde décadas tan igual que terroristas.

La selva ofrece un escenario difícil si queremos ingresar a ella con ideas de modernidad que rompan lo cotidiano. Se requiere un proceso largo y concertado con todas las autoridades y líderes de las comunidades nativas. Y en la búsqueda de concertación hallamos otro problema: tanto autoridades como apus, están acostumbrados a pedir “un buen precio” para permitir que se les ayude, pues siempre reciben “cortesías” por parte de las ONG’s.

En Mayo, el Paro Amazónico impidió que llegara hasta Bagua, llegando solo hasta Tarapoto, ciudad en la que compartí la misma frustración con todos aquellos que no llegarían a su destino, viendo a los nativos vestidos con escasas plumas, con sus rostros pintados, recorrer esta ciudad; la cual, les temía, tan igual como Lima teme a la “barra brava”.
Días después, sucedería el sonado enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los representantes de las comunidades nativas, el 5 de junio, día mundial del medio ambiente. Hecho por el cual se pronunciaron los medios de comunicación cuya orientación en su mayoría era criticar al gobierno para restarle “poder” y fue efectiva la embestida en general. ¿Será que, “nadie sabe para quién trabaja”?.

Nadie cuestiona que mientras el CONAP hablaba de diálogo, la AIDESEP hacía sus propios planes evitando el diálogo y propiciando el enfrentamiento, y el “espectáculo”. Nadie comenta sobre las cuentas que nunca rindió Alberto Pizango durante su gestión de 3 años en el AIDESEP con un faltante de más de dos millones de dólares. Otra de las culpas del gobierno: No hay auditoría para las ONGs.

A 48 días de lo sucedido, ya se preparan los líderes nativos a viajar a Venezuela ¿para qué?. ¿Y AIDESEP guarda silencio y guerra, GRATIS? ¿El APRA, cuántos bienes del estado habrá tenido que ofrecer para una “pírrica paz”?
AIDESEP funciona hace treinta años y articula apus y jefes nativos de 57 federaciones, incluidos el Consejo Aguaruna Huambisa y la Federación Ashaninka. No se trata de prehistóricos emplumados, ¿quién puede ser tan ingenuo?
El único lugar donde el estallido ha sido bravo ha sido el nororiente. En el Cusco, por ejemplo, los machiguengas apenas tomaron por unos días la vía a Machu Picchu. En la zona de Atalaya (Ucayali), los asháninkas bloquearon el río Urubamba, pero la policía los desalojó sin tiros, sin sangre. No toda protesta tuvo el ímpetu de Bagua Grande.

Sobre el saldo de los hechos del 5 de junio, varios periódicos digitales de organizaciones indígenas se refieren a que habría alrededor de 50 víctimas fatales, y no 33, como sostienen la Defensoría del Pueblo y voceros oficiales. Mientras son 24 los policías fallecidos y más de 200 indígenas heridos. ¿Quién es el verdadero culpable de estos hechos? ¿Será Pizango y su liderazgo útil a intereses foráneos? ¿Será el ejército que niega haber abandonado a la policía en la zona de Bagua? ¿Serán los medios de comunicación que en manos de pseudo periodistas agitaban a la población? ¿Será el gobierno que en su soberbia no quiso ver la realidad de la selva y lo inaccesible de esta realidad para su mensaje? ¿O lo serás tú querido lector por creer todo cuanto los medios pregonan sin cuestionar a cada uno de los involucrados en este tema?
¿Democracia? Recordemos que señora “democracia” es un ideal, no una realidad, aún. No existe democracia ni siquiera en los partidos políticos, así la pregonen, sino pregúntenle al Partido superviviente del Perú, el APRA.
Me atrevería a decir que TODOS SOMOS CULPABLES. Nadie –y me incluyo, dijo nada en su momento. Es fácil ver los hechos pasar y creer que así nos libramos de la responsabilidad. Somos culpables por quedarnos callados y no cuestionar TODO cuanto se nos dice. Al Perú le toca cargar con sus muertos.
¿Democracia? Recordemos que señora “democracia” es un ideal, no una realidad, aún. No existe democracia ni siquiera en los partidos políticos, así la pregonen, sino pregúntenle al Partido superviviente del Perú, el APRA.
Me atrevería a decir que TODOS SOMOS CULPABLES. Nadie –y me incluyo, dijo nada en su momento. Es fácil ver los hechos pasar y creer que así nos libramos de la responsabilidad. Somos culpables por quedarnos callados y no cuestionar TODO cuanto se nos dice. Al Perú le toca cargar con sus muertos.