Sartori, a través de una detallada explicación, facilita valorar la transformación que sufren las palabras en su significado a nivel histórico. Es por esta misma razón que el significado actual de democracia se aleja de su acepción griega, y su aproximación actual a la referencia de un pueblo que se autogobierna difiere mucho de ser una realidad.Lo mismo ocurre con otros términos que involucran la realidad propuesta por el concepto de democracia. Es importante percatarse de que “democracia” como término del lenguaje, ha sufrido y sufrirá permanentes cambios en su definición, acorde o no con las diferentes posiciones en torno a ella. En cambio, otros términos en el tiempo adquieren solidez y la historia fortalece su definición, lo que por supuesto no ocurre con “democracia” desde su definición primera, a lo que Sartori hace mención como “fracasos históricos reiterados de autogobierno”.
Democracia es la respuesta a un gobierno sin opresión y se sostiene que esta democracia debe ser la “democracia liberal”, la que es posible en el mundo actual. Es necesario entonces, olvidarnos de debatir sobre lo que fue democracia, sino de lo que puede ser y debe ser para el mundo de hoy.
Si deseamos fundamentar el concepto, estos fundamentos serían de orden moral, lo que hace posible que en un sistema democrático haya elecciones libres y públicas, no decisiones secretas. Será correcta la aplicación del término a la democracia que pueda practicarse con éxito y que funcione como sistema político continuamente, mientras será incorrecta su aplicación a aquella cuya práctica trastoca o pervierte los ideales que profesa y cuyos logros son muy diferentes de los propósitos que persigue.
Si los sistemas políticos tienen o no fundamentos, Sartori afirma que ningún cuerpo político se es dado, éste se construye a partir de principios activos que rigen su funcionamiento y soluciona sus conflictos. Estos fundamentos se basan en los valores que profesan y que se pretenden hacer realidad, valores que para concretarse deben ser deseados y amados, creerse firmemente en ellos. Muy contrario a los principios que rigen los procesos en sí, como por ejemplo: para un sistema democrático, el principio de la mayoría, el pueblo tiene la razón; y para un sistema autocrático, el gobernante siempre tiene la razón.Cabe preguntarse entonces: Para que “democracia” en su definición posible y actual pueda concretarse, ¿es necesario el conocimiento previo de los valores que la hacen posible?. Si ésto fuera así, entonces deberíamos enfocarnos en promover esos valores a través de los medios de comunicación, así como también permitir la formación de nuestros ciudadanos con estos valores, por supuesto bajo el cuidado de formadores que crean en estos valores más allá de sus afanes económicos. Debemos admitir que los “valores democráticos” son eso, valores, que no pueden concebirse solos en el imaginario colectivo, sino es proyectado directamente por individuos que ya tienen estos valores incorporados y que son “líderes de opinión”. Solo así se podría plasmar una realidad democrática.
Según Sartori, es entonces solo cuestión de “preferencia”, la razón por la cual escogemos un sistema político a diferencia del otro, a través de la comparación que podemos establecer entre uno y otro. Sería sencillo elegir entre un sistema democrático y un sistema autocrático, si se conocieran ambas a cabalidad, si se hubiera vivido en ambos en algún momento. He aquí un gran problema, en nuestro país se conoce poco de los procesos democráticos, inclusive el concepto de democracia es ajena a la mayoría. Mayoría conformada por las poblaciones de nuestras regiones. Su realidad no se acerca ni a la definición inicial de democracia ni a lo que podría ser, ya que esta realidad provinciana o regional es totalmente autocrática y “el pueblo lo prefiere así”, porque a este sistema está acostumbrado. Lo nuevo, que vendría a ser “lo democrático”, les asusta de tal modo que les hace sentir total inseguridad y pavor. Lo desconocido atemoriza. ¿Cómo acceder a la posibilidad de elegir entre uno y otro?.
Por otra parte, está el hecho de seguir a la gran mayoría cuando se forma la opinión pública, encabezada por líderes a los cuales no podríamos llamar precisamente “democráticos”, pero que si tienen seguidores y conforman esa gran mayoría social que les otorga poder. Estos líderes a modo de “caudillos” son los favoritos de nuestra realidad social.Este fenómeno al cual denominó Elisabeth Nolle-Neumann “La espiral del silencio” explicaría el cómo se forma el consenso de las grandes mayorías, siendo que estas mayorías están conformadas por personas que temen el asilamiento y a manifestar sus opiniones personales, a fin de evitar la sanción y el castigo. De tal modo, que si alguna opinión no llegó al debate público, ¿a quién culpamos por ello?.
¿Será que educamos seres incapaces para no expresarse en nuestra sociedad?, ¿no es función de los medios de comunicación promover la participación de los individuos que conforman nuestra sociedad?. Son preguntas que conllevan otras, ¿los medios están democratizados?, ¿el canal del estado, canal 7, promueve la participación directa de los diferentes grupos sociales que nos conforma como país, a fin de que figure luego en la agenda de asuntos por tratar de parte del gobierno?.
Sartori basa la elección de lo más preferible en dos argumentaciones: la primera, se prefiere que exista y no su ausencia; la segunda, es un bien que antecede y permite el bienestar que se busca. Entonces, ciertamente podríamos escoger el sistema democrático, pero ¿por qué no funciona en nuestro país?. No hay bases sólidas, mucho menos bases históricas, ni fundamentos morales. Hay una suerte de situaciones, en especial que vienen del pasado, que nuestros intelectuales se empeñan en no ver y menos aún en encarar.

Queda claro que el Quipu no es aquel elemento a modo de ábaco que usaran los antiguos peruanos, tal y como se nos enseñó cuando éramos niños; pues para ello, se utilizaba la yupana donde se hacían las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. El Quipu es un medio de comunicación conformado por un sistema de nudos, cuya significación constituye un mensaje histórico, económico, político, religioso, legal, numérico, etc. 











Los agentes de influencia son personas, conjunto de personas, grupos y otras organizaciones que desean el control de las decisiones y acciones que la organización toma. Éstos son internos (propietarios, presidente, gerentes, jefaturas, personas de actividad terminal, mandos medios); y externos (accionistas, proveedores, clientes, socios, competencia, sindicatos, familiares, amigos, líderes de opinión, etc). Las posturas que estos públicos pueden adoptar son: callar y obedecer las decisiones tomadas, salir del juego y luchar antes de rendirse.